domingo, 26 de diciembre de 2010

Una sensación de dulzura le traspasó. Esperimentó un placer tan agudo que era doloroso, simplemente apartándole las lágrimas del rostro con el pulgar. Toda la frustrada ternura de los últimos sieis meses, toda la emoción que había mantenido encerrada en su corazón durante aquel tiempo, brotó en cascada, sumergiéndole. Ahogándolos a ambos. Bastó sólo un leve movimiento, y él ya la abrazaba.


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