domingo, 17 de abril de 2011
¿Tú también puedes oírlo? Es el silencio. Un silencio acompañado por algo más. No es incómodo, no, al contrario, es un momento de hipersensibilidad. Sí. Es como si tus cinco sentidos se multiplicaran y pudieras ver, oír y sentir cosas que el ruido monótono del día a día deja camufladas. Entra en juego el lenguaje no verbal, desde mi punto de vista mucho más poderoso que el otro. Palabras, ¿de qué sirve tanto hablar? Calla y escucha…
Es una noche oscura, de esas que me apasionan. La luna llena parece sonreírnos desde lo más alto. Me atrapas con la mirada y me atraes hacia ti. Me sonrojo, espero que no lo notes. Mi corazón bombea con fuerza y llega ese cosquilleo en el estómago. ¿Cómo es posible que después de tanto tiempo me hagas sentir tan nerviosa como si fuera un primer beso? Me apoyo en tu pecho y puedo confirmar que a ti te ocurre algo similar. Tus manos empiezan a enredarse en mi pelo, lo acaricias, jugueteas con él. Me sonrojo aún más. Un beso en el cuello. Lo haces aposta, sabes de sobra que al hacer eso los escalofríos por mi espalda no pueden parar. Me conoces, te conozco. Me quieres, te quiero. Me besas y…yo me dejo besar…
Giulia tras la pantalla
Y cuánta razón... Sinceramente me alegro de que quede en el mundo alguien que piense como yo. Vivimos en la época salvaje, en la que los seres humanos se relacionan por gruñidos, se mueven en relaciones frías y de interés, con un único objetivo, el placer carnal. Sí, llamadme paranoica pero ya la gente cree no necesitar amigos, amigos de verdad, de esos que se cuentan con los dedos de una mano. Ahora nuestra existencia en este mundo tiene un único objetivo, un objetivo sexual. Vivir para follar, y perdonad la palabra. Ya no hay compromiso, ni buenas relaciones, ni confianza, ni siquiera respeto, ya no hay nada. ¿Dónde esta la amistad? Habitamos en una sociedad en decadencia, donde el otro no es más que un juguetito sexual.
Etiquetas:
Micaela,
placer carnal,
único objetivo
viernes, 8 de abril de 2011
Y me zambullo en sus labios y busco allí mi respiración. Besandole sin tregua, sin rejarle respirar. Le robo la fuerza, el sabor, los labios, le robo hasta las palabras. En silencio, un silencio hecho de suspiros, de mis piernas enredadas en su cuerpo, de mis manos jugando con su pelo, de mi camiseta subida acariciándome cada rincón de mi espalda... Y fundirnos en un beso, otro beso y otro y otro más.
Su respiración mezclada con la mía. Nuestros corazones laten y no precisamente de miedo, o quizá si, miedo de perderle, de no volver a sentirle.
Me escondo entre su pelo. Me apoyo en su suave cuello. Mis labios cansados, felices, satisfechos en busca de una última respuesta.
- ¿Te quedaras conmigo para siempre?- Le dije.
- Soy todo tuyo. Hasta el fin de mis días.- Me contestó él casi susurrando.
Después, cariñoso, coge mi cabeza entre sus manos y me mira. No es una pregunta. No es una respuesta. Después me un beso y otro, y otro más. Y no dice nada más. Solo me sigue besando. Y yo sonrío. Y acepto encantada esa respuesta.
- ¿Me lo juras?- Le pregunto.
- Lo juro...
Atentamente: Isabella.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



