miércoles, 3 de julio de 2013

Breakfast at Tiffany's

-¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: “Está bien, la vida es una realidad. Las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad”. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula. Tú misma la has construido, y en ella seguirás vayas a donde vayas. Porque no importa donde huyas, siempre seguirás tropezando contigo misma.


Micaela al teclado

03/07/2013

Y me levanto de un salto, aturdida y asustada de una pesadilla, de la que he salido ilesa por ser un sueño y no realidad. El sol entra por la ventana, rozando mi piel y dejando una sensación de horrible calor de verano.
Me incorporo y alcanzo el bolso, el mismo bolso con el que te dije adiós. Saco mi cajetilla de cigarrillos, poso uno en mis labios, agrietados y sin desmaquillar. Fumo. Como si alguien me hubiera prometido que al aspirar cada calada de mi cigarrillo todo esto se fuera con el último humo. Un millón de preguntas atacan mi cabeza, una inaguantable inquietud me atormenta. Noto que mis manos quieren teclear. Atrapo mi ordenador, y empiezo a presionar cada trozo de llave que me abrirán las puertas... o quizás, esto no es del todo cierto. Sin ningún orden ni sentido, sin que quede bonito, que salga de dentro, que me permita desahogarme, que me regale unas alas y me autorice a volar. Inventarme fantasías, para salir de la realidad.
Indecisa y vacilante, me bebo un café de un sorbo, sólo, con hielos. Muy afín a mi - pienso - y dejo el vaso descansando sobre la mesa. Me río y observo. Me cubro con algo de ropa y me voy, sin olvidar de embestir todos los trastos de mi habitación con una torpeza sutil. Por fin lo encuentro, un bolso, el bolso. Desconcertada y sin saber que hacer meto mi inseparable cajetilla en él, y me embarco en un barco. No me preguntéis el destino. No lo sé. Simplemente me he ido, dejando una nota.


El tono de la vida, hoy se vuelve un poco más gris
A l teclado  Micaela. 06:52 a.m.

viernes, 24 de mayo de 2013






viernes, 19 de abril de 2013

Autocontrol autoexigido

Me irrita saber que puede dañar mi armónica felicidad. Me da miedo tan sólo el planteamiento de que pueda desequilibrarme. Me angustia saber que he puesto en un lugar ,al que no llego alcanzar, parte de mí. Me da pavor pensar que puede desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos. Me horroriza el hecho de que el pilar se caiga, y yo me hunda con él. 

Nerviosismo en sangre, al saber que quizás algo pueda ocurrir. Algo que no esté a mi alcance. Algo que yo no pueda controlar, que se me vaya de las manos, cual cometa sin hilo, cual pájaro sin jaula.
¿O ese es el problema? Quizás el pájaro se esté enjaulando. Sólo. Atontado por la sensualidad del movimiento de los hierros. Anestesiado a base de ilusiones y promesas sin cumplir.

Brilla el sol, la gente ríe. Y yo aquí, a expensas de un paquete de cigarrillos barato, tecleando palabras al azar. Intentando desahogarme. Intentando que alguien me escuche. Me siento diminuta y frágil. No logro entender porque me afecta tanto el no poder controlar todos mis sentimientos, todos mis pensamientos. Quizás hay algo que se me escapa, o que no lo quiero ver. Quizás esto no está hecho para mí. La voz de mi conciencia me suplica que deje de martirizarla a pensamientos negativos, oscuros y enrevesados. Pensamientos pocos cuerdos, dictados por el corazón. Palabras y más palabras, y un sinfín de emociones sin controlar. 

Hoy el viento sopla hacia el oeste, y es algo que no puedo evitar...

Al teclado, una ilusa




domingo, 20 de enero de 2013

Por eso, te he vuelto a escuchar.
Recuerdos y más recuerdos. 
Día de pijama y taza de café. 
El intento de trabajo en la cabeza, y tú de nuevo en el corazón. 
Había velas  para ver

Scarlett. Micaela.