Me irrita saber que puede dañar mi armónica felicidad. Me da miedo tan sólo el planteamiento de que pueda desequilibrarme. Me angustia saber que he puesto en un lugar ,al que no llego alcanzar, parte de mí. Me da pavor pensar que puede desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos. Me horroriza el hecho de que el pilar se caiga, y yo me hunda con él.
Nerviosismo en sangre, al saber que quizás algo pueda ocurrir. Algo que no esté a mi alcance. Algo que yo no pueda controlar, que se me vaya de las manos, cual cometa sin hilo, cual pájaro sin jaula.
¿O ese es el problema? Quizás el pájaro se esté enjaulando. Sólo. Atontado por la sensualidad del movimiento de los hierros. Anestesiado a base de ilusiones y promesas sin cumplir.
Brilla el sol, la gente ríe. Y yo aquí, a expensas de un paquete de cigarrillos barato, tecleando palabras al azar. Intentando desahogarme. Intentando que alguien me escuche. Me siento diminuta y frágil. No logro entender porque me afecta tanto el no poder controlar todos mis sentimientos, todos mis pensamientos. Quizás hay algo que se me escapa, o que no lo quiero ver. Quizás esto no está hecho para mí. La voz de mi conciencia me suplica que deje de martirizarla a pensamientos negativos, oscuros y enrevesados. Pensamientos pocos cuerdos, dictados por el corazón. Palabras y más palabras, y un sinfín de emociones sin controlar.
Hoy el viento sopla hacia el oeste, y es algo que no puedo evitar...
Al teclado, una ilusa
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