miércoles, 4 de junio de 2014


 Y supongo que la vida en muchas ocasiones quiere decirte esto, quiere que aprendas y por mucho que tú intentas seguir, a veces te frena para que que no corras, para que pienses, para que dejes de hacer como si no te importara o para que tengas los cojones a hacer que no te importe de verdad. Porque no soy yo quien escribe, porque mi cabeza habla sola, porque mi corazón no entiende qué sentir y mi vida vuelve a su pompa. Porque es más fácil hacer esto, porque no siempre puedes trepar, levantar las piernas y elevarte en el aire sentada en tu columpio, porque es realmente penoso y cierto que a veces necesitas que te empujen, necesitas el roce de unas manos en la espalda, quizás no para saber que no caerás, porque lo harás igual, pero sí para saber que no estás sola, que alguien te ayudará a levantarte y te animará a que subas de nuevo al columpio, sin complejos, sin reparos ni rencores, sin cogerle miedo a la vida...


29/01/2014

lunes, 7 de abril de 2014

Mi plan

Sin plan empezamos jugando. Suponiendo que nunca, ninguno de los dos sentiría nada el uno por el otro. Que yo empecé a creer en la suerte, el día que vi tu sonrisa, y esa forma en la que me miraba intercambiando botellines en algún bar de mi pueblo, mientras yo le observaba, a la vez que el movías ágil la lengua con cara divertida. Y es que nuestra historia empezó mucho antes de que nosotros nos pudiéramos dar cuenta. A veces tenía miedo porque mi vida empezaba en el preciso instante en el que me enviabas un mensaje diciendo algo así como “Tengo ganas...” O cuando me llamabas al móvil, y sonaba tu voz, aquello que a mí me parecía la melodía más bonita del mundo.
Provocaste un cambio de planes en mí. Tras esto, mi plan consistía en comerme mis dudas en tus costillas intentando llegar de alguna forma a tu corazón. Contarte que la vida es una puta mierda y que se hace menos mierda, y menos puta si tú estás a mi lado. Que me devuelves a la jodida realidad con una dosis de sueños, que es lo que me da fuerzas para seguir adelante. Imaginarte... Imaginarnos todas las noches en las que sólo tenía un insuficiente WhatsApp, y cambiarlas por miles de caricias subiendo por mi espalda, besos emergiendo de tu boca fundiéndose por todo mi cuerpo, tu mirada clavada en mis ojos verdes y fusionándonos noche tras noche, en donde, aunque parezca raro, no me constaba no dormir.
Y cambio de planes... me decidí a enamorarte, a sustituir esa imaginación por pura magia real. Quise aproximarme a ti y robarte los días con mis miradas... Y al intentar conseguir ese algo, que tú me tachaste como imposible, me enamoré yo. Quise acercarme a ti, como nadie se había acercado jamás y quedé prendida absolutamente de tu personalidad. Juro, que jamás me habían sentado tan bien unos “buenos días pequeña”. Y al final terminamos durmiendo en distintas camas, aunque sé que compartiendo el mismo insomnio... porque si de algo estoy segura es que antes de antes de dormir, te acuerdas de mí, y que yo no tengo ni un puto minuto en el que no aparezca tu sonrisa perfecta en mi mente. Ojalá fuese tú, y no el sol, el centro del universo. O al menos de mi habitación. Agárrate a mi mano fuerte por favor y no dudes nunca de que pueda soltarla. Y es que joder, no sabes el placer que supone estrechar mi pequeño cuerpo contra el tuyo, jamás entenderás lo que es para mí perder mis yemas en tu pelo, o susurrarte al oído un te quiero.
Y mi plan final, el porqué de este vídeo, no es más que un intento de demostrarte que lo que siento por ti es real, tan real como que me llamo Micaela García y que estoy enamorada de ti. Y es pensar que tengo una vida por delante, hace que no quiera perder ni un segundo de mi vida sin ti. Mi plan consiste en eso, en decir lo que siento y entender que no todo ha de ser perfecto para ser feliz, y contigo tengo la sensación de que soy más que feliz. Que me sobra el mundo entero para luchar por esa sonrisa que me mantiene viva.



Atentamente al teclado, Micaela.

miércoles, 3 de julio de 2013

Breakfast at Tiffany's

-¿Sabes lo que te pasa? No tienes valor, tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: “Está bien, la vida es una realidad. Las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad”. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula. Tú misma la has construido, y en ella seguirás vayas a donde vayas. Porque no importa donde huyas, siempre seguirás tropezando contigo misma.


Micaela al teclado

03/07/2013

Y me levanto de un salto, aturdida y asustada de una pesadilla, de la que he salido ilesa por ser un sueño y no realidad. El sol entra por la ventana, rozando mi piel y dejando una sensación de horrible calor de verano.
Me incorporo y alcanzo el bolso, el mismo bolso con el que te dije adiós. Saco mi cajetilla de cigarrillos, poso uno en mis labios, agrietados y sin desmaquillar. Fumo. Como si alguien me hubiera prometido que al aspirar cada calada de mi cigarrillo todo esto se fuera con el último humo. Un millón de preguntas atacan mi cabeza, una inaguantable inquietud me atormenta. Noto que mis manos quieren teclear. Atrapo mi ordenador, y empiezo a presionar cada trozo de llave que me abrirán las puertas... o quizás, esto no es del todo cierto. Sin ningún orden ni sentido, sin que quede bonito, que salga de dentro, que me permita desahogarme, que me regale unas alas y me autorice a volar. Inventarme fantasías, para salir de la realidad.
Indecisa y vacilante, me bebo un café de un sorbo, sólo, con hielos. Muy afín a mi - pienso - y dejo el vaso descansando sobre la mesa. Me río y observo. Me cubro con algo de ropa y me voy, sin olvidar de embestir todos los trastos de mi habitación con una torpeza sutil. Por fin lo encuentro, un bolso, el bolso. Desconcertada y sin saber que hacer meto mi inseparable cajetilla en él, y me embarco en un barco. No me preguntéis el destino. No lo sé. Simplemente me he ido, dejando una nota.


El tono de la vida, hoy se vuelve un poco más gris
A l teclado  Micaela. 06:52 a.m.

viernes, 24 de mayo de 2013






viernes, 19 de abril de 2013

Autocontrol autoexigido

Me irrita saber que puede dañar mi armónica felicidad. Me da miedo tan sólo el planteamiento de que pueda desequilibrarme. Me angustia saber que he puesto en un lugar ,al que no llego alcanzar, parte de mí. Me da pavor pensar que puede desmoronarse en un abrir y cerrar de ojos. Me horroriza el hecho de que el pilar se caiga, y yo me hunda con él. 

Nerviosismo en sangre, al saber que quizás algo pueda ocurrir. Algo que no esté a mi alcance. Algo que yo no pueda controlar, que se me vaya de las manos, cual cometa sin hilo, cual pájaro sin jaula.
¿O ese es el problema? Quizás el pájaro se esté enjaulando. Sólo. Atontado por la sensualidad del movimiento de los hierros. Anestesiado a base de ilusiones y promesas sin cumplir.

Brilla el sol, la gente ríe. Y yo aquí, a expensas de un paquete de cigarrillos barato, tecleando palabras al azar. Intentando desahogarme. Intentando que alguien me escuche. Me siento diminuta y frágil. No logro entender porque me afecta tanto el no poder controlar todos mis sentimientos, todos mis pensamientos. Quizás hay algo que se me escapa, o que no lo quiero ver. Quizás esto no está hecho para mí. La voz de mi conciencia me suplica que deje de martirizarla a pensamientos negativos, oscuros y enrevesados. Pensamientos pocos cuerdos, dictados por el corazón. Palabras y más palabras, y un sinfín de emociones sin controlar. 

Hoy el viento sopla hacia el oeste, y es algo que no puedo evitar...

Al teclado, una ilusa




domingo, 20 de enero de 2013

Por eso, te he vuelto a escuchar.
Recuerdos y más recuerdos. 
Día de pijama y taza de café. 
El intento de trabajo en la cabeza, y tú de nuevo en el corazón. 
Había velas  para ver

Scarlett. Micaela.